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RAPD 2020
VOL 43
N1 Enero - Febrero 2020

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Dr. Ovidio Belda

Dr. Ovidio Belda


CITA ESTE TRABAJO

Bozada García JM. Dr. Ovidio Belda. RAPD Online. 2020;43(1):59. DOI: 10.37352/2020431.11

Querido Ovidio:

Te escribo estas palabras desde el dolor inmenso que siento tras venir de despedirte. No lo hago ni como responsable actual del Servicio de Digestivo, de cuya familia formas parte, ni a título personal, sino como uno más de los que hemos sido alumnos, amigos y compañeros tuyos. Cualquiera de ellos suscribiría este texto.

Lo fácil sería hacer una reseña de tu biografía, pero no es lo que quiero decirte. Te conocí allá por 1991, cuando llegué de residente a nuestro Servicio. Ya entonces llevabas muchos años en el mismo y erais, tú y Agustín, los referentes en endoscopia. Durante 30 años hemos compartido guardias, horas de trabajo, momentos buenos, bodas, jubilaciones, … y algún momento triste del que mejor no hablar.

Si tuviera que definirte con una palabra no podría, porque necesitaría varias y seguro que me dejaría muchas: trabajo, ilusión, innovación, imaginación, fotografía, familia, maestro, amigo.

Eres una de las personas más trabajadoras que conozco. Siempre me ha sorprendido esta capacidad tuya. ¿Cuántas horas tienen tus días? Si tienes que dedicar 24 horas al día al trabajo, las dedicas. Hasta tu último día. Desde tu jubilación en el Hospital hace ya casi 10 años te he visto innumerables veces entrando en el Sagrado Corazón antes de las 8 de la mañana, al pasar yo para entrar en el Hospital. Y me consta que muchos días no llegas a casa antes de las 10 de la noche. Tu trabajo ha sido siempre de una tus pasiones.

Claro que no se entiende el trabajo sin ilusión. Ilusión y pasión, las que pones en todos tus proyectos, tanto personales como profesionales. Siempre has tenido la ilusión del principiante, del que tiene toda la vida por delante. Este espíritu se lo contagias a todos los que te rodean. Siempre te recuerdo comenzando las cosas con un “vamos a hacer” o “vamos a poner en marcha”.

Y de esta forma comenzaste a imaginar cómo tratar las varices esofágicas. Has sido el pionero en el tratamiento de las mismas, el que, entre otras cosas, comenzó con la técnica de la esclerosis de varices. Y además no sólo lo hacías en adultos, sino en tantos niños del Hospital Infantil que hoy día te deben la vida. Para nuestras guardias, la peor pesadilla ha sido siempre que nos avisen del Hospital Infantil, y siempre recordaré siendo residente, una guardia contigo en la que, ante unos padres desesperados porque su hijo se moría desangrado, trataste con un cariño, profesionalidad y técnica increibles a aquel niño. En ese momento decidí que mi futuro sería la endoscopia.

Tu otra afición es la fotografía. Siempre en todos los eventos, en todos los viajes, en todas las celebraciones, con la cámara de fotos a cuestas. Unas fotos que salían perfectas, pero que nunca veíamos.

Qué decir de la familia. Siempre has hablado de ella con la cara iluminada, con una expresión de felicidad, con orgullo. Tu mujer, María Luisa, ha sido el complemento perfecto para tu vida. Y tus hijos. Y tus nietos. Qué cara de felicidad cada vez que hablas de ellos. El tiempo no debe medirse en cantidad, sino en calidad, y esa calidad siempre ha sido para tu familia.

Una de tus facetas principales para muchos especialistas de digestivo se define con una palabra: maestro. Hemos sido decenas los que hemos aprendido contigo. Qué fácil parece todo lo complejo viéndote hacerlo a ti. Los que nos dedicamos a la endoscopia sabemos lo difícil que es la docencia en la técnica. Siempre has transmitido tranquilidad al enseñar, dando una sensación de confianza que hace que el aprendizaje sea más fácil. Como dijimos en tu jubilación, eres “El Señor de lo Sencillo”, el que hace fácil todo lo difícil. Para mi, la sala 5 de la Unidad de Endoscopia será siempre “la sala de Ovidio”. Además, tu maestría fue reconocida por la SEED en 2011 al darte la distinción de “Maestro de la endoscopia”. Nunca una distinción fue más justa.

Finalmente, la última palabra que quiero resaltar es amigo. Has compartido con muchos de nosotros momentos inolvidables, horas de conversaciones y de confidencias, celebraciones, etc. Si por algo se ha caracterizado nuestro Servicio ha sido siempre por la relación que han tenido sus miembros, una relación de amistad, casi familiar. Con una amplia renovación en los últimos 12 años por las jubilaciones, es una alegría cada vez que nos vemos todos en algún evento.

Me doy cuenta ahora de que estoy escribiendo en presente. Es duro saber que ya no te veremos más, pero aunque no te veamos físicamente siempre estarás en nuestro ánimo, en nuestros corazones, en nuestra memoria.

Hasta siempre amigo, compañero, maestro.

Descansa en paz.

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